¡Bienvenidos a Hysteria; One Piece. El mejor foro de rol en el que podrás forjar tu propia leyenda en los 7 mares del universo creado por Eiichiro Oda. Elige tu camino, en el que podrás ser parte del mundo pirata, convertirte en un héroe de la Marina, cambiar el mundo con la revolución, alistarte en las filas del Gobierno o escoger una vida de cazador en la que podrás hacer todo lo que quieras. La libertad está solo a un paso y tu puedes escoger el modo de conseguirla. ¿Como serás en Hysteria; One Piece?
¿Quién está en línea?
En total hay 1 usuario en línea: 0 Registrados, 0 Ocultos y 1 Invitado

Ninguno

[ Ver toda la lista ]


La mayor cantidad de usuarios en línea fue 18 el Mar Sep 01, 2015 11:56 pm.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» PokemonPets online invitacion
Mar Nov 03, 2015 2:58 pm por mariongox123

» Sakura Feudal [Aviso]
Mar Oct 27, 2015 3:17 am por Invitado

» ▬ KI NO JIKAN [BORRADO DE BOTON -REAPERTURA ELITE]
Mar Oct 20, 2015 3:06 pm por Invitado

» ESTO HA MUERTO?
Mar Oct 20, 2015 2:21 am por Yuuko Rox. Hadward

» Rox. Hadward [ID]
Lun Oct 19, 2015 5:02 am por Yuuko Rox. Hadward

» [Trama - Banderas Negras en Wysteria] Emme [D] Vs. NPC Teniente Howard [C]
Lun Oct 05, 2015 6:16 pm por Narrador

» [Trama - Banderas Negras en Wysteria] Starbak Rivier [E] Vs. NPC Jalussin Baku [D]
Dom Oct 04, 2015 9:49 am por Narrador

» [Trama - Banderas Negras en Wysteria] Ghost Leather [D] Vs Rastall D. Raider [D]
Sáb Oct 03, 2015 9:55 pm por Ghost Leather

» [Mini-Trama] Dirty work
Sáb Oct 03, 2015 6:07 pm por Narrador


Afiliados Hermanos

Afiliados Elite



Este skin fue realizado en conjunto por Stroke Sigma y Miss Pond para SERENDIPITY. La ambientación, guías, y demás información del foro es propiedad de la administración. Las fichas creadas por los usuarios pertenecen tan sólo a sus creadores. No plagies, es de mal gusto. Si necesitas cualquier código ponte en contacto con la administración o con los creadores del propio CSS. Agradecimientos a Astur por las imágenes. Unas impresionantes creaciones que merecen un verdadero premio.

The Stranger [Fic]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

The Stranger [Fic]

Mensaje por Heil el Sáb Sep 05, 2015 8:42 pm

¡Hajime!

Aquel grito de inicio hizo que una corriente de electricidad recorriera los nervios del castaño, quien rápidamente movilizó sus piernas para desplazarse hacia el objetivo: otro joven que venía corriendo frente a él, con una espada de madera en mano. No era ningún combate real, ningún enfrentamiento que pudiera poner en peligro su vida. Estaba entrenando en un dojo (esos establecimientos que impartían como docencia el arte del kendo, u otras variantes de estilos de espadas) de Shimotsuki, aprendiendo a defenderse por sí mismo en un futuro que se tentaba de lo más peligroso posible. En su cabeza todavía se mantenían los recuerdos de la primera vez que mató, de la primera vez que ensartó desde la espalda un cuerpo con un arma. El hecho de ver la sangre no fue lo que le emocionó en su día, sino cómo el acero era capaz de penetrar en algo que tenía una vida y arrebatarla. No por ello se consideraba ningún villano, ni siquiera un psicópata, solo alguien con unos extraños gustos que trataba de buscar respuestas a todos esos interrogantes que pasaban por su cabeza.

Habían pasado apenas dos semanas desde que partiera de su ciudad natal debido a que podría ser considerado como un criminal, al matar a un marine y haber herido a otro que sí sobrevivió por su propia mano, el cual seguramente lo hubiera reportado a las autoridades pertinentes para que fueran a cazarle como si de un perro se tratase. Había elegido tomar clases de dicho estilo porque las espadas eran su mayor afinidad: como médico debía tener sus manos siempre intactas para realizar los distintos experimentos o cirugías que requiriesen de su atención, por lo que no podía destrozarlas a base de golpes; con respecto a las armas de fuego, siempre las había considerado demasiado peligrosas para un manazas como él, por lo que prefería mantenerlas cuanto más alejadas de él mejor. Además, él pensaba que las espadas eran como unos escalpelos, solo que más grandes y con un requisito de mayor estabilidad a la hora de sujetarlas. Básicamente ese había sido el razonamiento que había empleado para su elección, y el motivo de ello había sido la defensa propia. No era tonto, aunque fuera menor de edad, sabía que el mundo estaba comandado por gente sin piedad. En las guerras u otras contiendas de menor relevancia territorial, nadie perdonaba al otro solo porque tuviera peores experiencias o habilidades en el arte bélico. Y era precisamente por eso, por lo que él quería adoptar la mayor experiencia posible antes de que se tuviera que enfrentar a sus primeros demonios, los cuales sabía que tarde o temprano le alcanzarían.

Sus orbes azulados se fijaban en la forma de moverse de su contrincante de entrenamiento, el cual llevaba su arma pegada al lado derecho del cuerpo y dejando el filo de la espada de madera en dirección hacia el suelo. Él mantenía un estilo diferente, portando la espada a la altura de la cadera, con el filo apuntando de forma recta hacia el estómago del contrario. Así, cuando ambos estuvieron a menos de dos metros sobre aquel tatami blando (perfecto para amortiguar las posibles caídas que se sucedieran durante los entrenos), él fue quien cedió la iniciativa del ataque a su compañero. No porque hubiera sido más lento en el movimiento, ambos estaban igualados en ese concepto físico, sino porque era más precavido. Le gustaba ver cómo se movía el otro antes de actuar, saber cuáles eran sus fallos, los flancos que dejaba abiertos o los que sabía proteger bien. Vamos, que lo examinaba de arriba hacia abajo en todos los aspectos posibles. Así, el otro chico rápidamente lanzó un ataque ascendente en diagonal, planeando impactar contra la parte izquierda de la cadera de Heil. Este lo vio a tiempo, y consiguió bajar su espada hacia un punto separado escasos centímetros de su cuerpo y orientado en dicha dirección, de forma que ambas espadas de madera chocaron entre sí con fuerza. La potencia de ambos discípulos estaba equilibrada al igual que su velocidad, por lo que ninguno de los dos consiguió hacer ceder al otro en su intento por ganar territorio.

- Más técnica, chicos. Mantened la postura aunque vuestra posición no sea favorable – Les comentaba desde lejos el maestro, sentado sobre el suelo con las piernas replegadas hacia atrás junto a cuatro alumnos más. Aquel día había decidido hacer las clases más prácticas que de costumbre, donde la mayor parte del tiempo primaba enseñar la técnica por parte del Maestro, cuáles eran los mejores consejos para realizarla a la perfección y alguna pequeña demostración a cámara lenta sobre el movimiento para que todos los alumnos se grabasen a fuego dicha imagen en sus cabezas.

Aun así, él prefería más aquellas experiencias prácticas que simplemente una clase normal y corriente. Al fin y al cabo, era peleando con otro como se ganaba experiencia, y no tratando de golpear o cortar el aire o un tocón de madera. En la batalla, uno no iba a pelear contra un enemigo que se mantuviera estático, sino que iba a estar en pleno movimiento y le devolvería los golpes sin piedad. Por ello lo disfrutaba, y por ello mostraba una pequeña sonrisa en su rostro conforme realizaba más movimientos. Aplicando fuerza y dejando deslizar su espada por el filo de la de su contrincante, el joven Heil fue capaz de desviarla hasta que la lanzó hacia arriba. De esta forma, el otro chico quedó con el estómago al descubierto, mientras que el brazo derecho del castaño se replegaba para lanzar un codazo a la boca del estómago. El impacto fue certero, y consiguió empujar a su compañero un metro hacia atrás, haciéndole tambalear por haber perdido el equilibrio. Él se dio cuenta de eso, y antes de que pudiera darle tiempo de reacción ya estaba haciéndole caer al suelo mediante un impacto seco en uno de sus tobillos. El chico cayó de espaldas al suelo, mientras Heil se ponía encima suyo y apretaba la mano que portaba la espada con su pie desnudo, mientras que apuntaba con el arma hacia el corazón del joven.

- Me rindo, ¡me rindo! – Dijo el pobre, quien a pesar de no diferenciarse demasiado de Heil en cuestiones físicas, sí que parecía estar bastante menos preparado en cuestión técnica. Seguramente porque Heil entrenaba para sobrevivir, y ese chico seguramente lo haría por hobby o por cualquier otra razón de menor importancia.

- Ya basta, hemos terminado por hoy. Heil, quiero hablar contigo en privado. Los demás podéis hacer unos estiramientos antes de recoger vuestras cosas, os veré el próximo día a la misma hora de siempre – Terminó por hablar el Maestro, quien rápidamente se levantó y comenzó a andar por la habitación hasta una puerta que comunicaba con el patio exterior del establecimiento, haciéndole una seña al castaño con la mano para que le siguiera en su paseo.

Así, después de tenderle la mano al contrincante que había tenido para ayudarle a levantarse, el castaño se despidió de los demás compañeros y fue corriendo rápidamente hacia donde se encontraba el Maestro (de nombre “Qai”). Qai era una persona extremadamente serena, de pelo corto rubio y un solo ojo. El otro lo había perdido por mala suerte, la verdad, siendo que en unas fiestas de Shimotsuki en la que se lanzaron cohetes, uno de estos se desvió de su camino al cielo lo suficiente como para terminar incrustado en su ojo. No hubo posibilidad de recuperarlo, o al menos eso es lo que se cuenta, ya que el mismo castaño no estuvo presente en dicha ocasión que sucedió varios años atrás de su llegada. Una vez que Heil salió al patio exterior, cerró la puerta detrás de sí y tomó unos zancos de madera para poder caminar por el césped que se había plantado sobre el suelo para darle un mayor toque samurái. El maestro era mucho de ese estilo, le encantaba todo lo que tuviera relación con el orgullo, el alma y esas cosas. Incluso algunos rumorean en el pueblo que se volvió más fuerte después de haber perdido su ojo, momento en que otros muchos se hubieran sumido en sus propias preocupaciones y tal vez hubieran perdido su esencia. Esas historias sobre Qai hacían que el castaño le tuviera grata admiración, y por eso le respetaba tanto que solo hablaba una vez que el mismo le daba permiso para ello, y no antes.

Qai se sentó sobre un pequeño banco de piedra para dos personas que había en medio del patio, dando unas palmadas en el sitio libre que había dejado a su lado para que el castaño se sentara a su lado. Hizo lo propio, dejando la espada de madera apoyada horizontalmente contra un pequeño hueco del asiento que había quedado a su izquierda, para luego apoyar las manos en sus cuádriceps y esperar por lo que Qai tuviera que decirle. Este se mantenía mirando a una pequeña fuente que había en una de las paredes del patio, una fuente hecha con piedras y un tubo a partir del cual caía el agua, simulando la boca de un tigre solapada contra la pared. Sin apartar la cabeza de donde mantenía clavada su singular vista, los labios del mismo se separaron para comenzar a hablar.

- Hoy lo has hecho muy bien, Heil, pero sigo sintiendo en ti ese aura de impulsividad de la que ya te he hablado otras veces. Trato de enseñaros un estilo de combate responsable, elegante y respetuoso con vuestro enemigo… Pero parece que tú solo cumples las dos primeras cualidades. El codazo a Cody en su estómago no fue muy propio de un samurái, y menos el bloquear su mano para que no pudiera defenderse – Dejando un espacio de tiempo en silencio, para que él pudiera exponer sus motivos.

- Me baso en la actualidad, Maestro Qai. El mundo se ha convertido en un sitio en el que la piedad no existe para nadie que no tenga definidos unas ambiciones. Incluso los que se suponían que tenían que velar por nuestra seguridad, a menudo son los que más cohartan nuestra libertad y albedrío – Sí, Heil tenía un vocabulario y razonamiento impropio para alguien de dieciséis años, a decir verdad podría considerarse como un chico con una inteligencia muy desarrollada. No llegaba a ser superdotado, pero sí que estaba por encima de la media humana en cuanto a conocimiento y capacidad cerebral.

El Maestro se quedó pensativo durante un minuto aproximadamente. Nada ni nadie rompió el silencio absoluto en esos momentos, tal vez solo algún “Hmmm” proferido por el rubio, quien mantenía una de sus manos acariciando la propia barbilla a modo de pensador antiguo. Pensaba con un ojo abierto y el otro cerrado, y vosotros diréis, ¿qué hay de malo en ello? Pues que el abierto era el que no le servía, y el cerrado el único por el que veía. Era una de las tantas manías que tenía aquel hombre, el cual se podía considerar único en su especie. Una pequeña sonrisa anidó en el rostro de Heil, quien se quedó mirando a su propia espada y la tomó con las manos, depositándola sobre su regazo y acariciando lentamente la superficie del filo de madera con unos dedos inquietos. Una vez que pasó el tiempo anteriormente mencionado, el profesor volvió a hablar.

- De acuerdo, me has pillado esta vez. No tengo una respuesta para quedar por encima de ti – Sí, ya había dicho que el profesor era muy especial. El hombre dejó de acariciar su barbilla y bajó ambas manos, apoyándolas sobre el banco de madera y dejando que su cuerpo se tranquilizase y relajara todavía más adoptando una postura más informal que de costumbre. - ¿Qué tienes pensado una vez que termines tus estudios aquí? Aprendes muy rápido, debo reconocerlo, y no tengo tantos conocimientos como para mantenerte a mi lado por unos cuántos años más – El profesor era listo, sabía cuáles eran sus límites y cuándo había alcanzado esa línea dibujada que no podía traspasar.

Ante aquello, Heil se quedó con la boca abierta, puesto que Qai nunca le había preguntado algo de ese estilo. Es cierto que había hablado en privado con él otras tantas veces, pero siempre había sido para orientarle para el camino del espadachín, para hacerle ver que no todo tenía porqué ser la fuerza y el poder. Dos conceptos muy parecidos pero distintos a la vez, solo para quien supiera distinguir la fina línea que los separaba. Apoyando las manos en el banco tal y como hacia su Maestro, el castaño apretó los labios y miró hacia el cielo, típicos detalles de cualquier adolescente que se ponía a divagar más de lo necesario para su edad. No encontró una respuesta directa que poder darle, sin embargo trató de expresar qué era lo que quería conseguir una vez que su estadía en Shimotsuki hubiera llegado a su fin.

- Solo quiero ser libre, poder ir a donde quiera sin que la gente trate de encadenarme. Tener oportunidad de realizar cualquier elección que tenga que tomar, y si eso termina ayudando a que me convierta en un médico capaz de trascender las enfermedades humanas, podré darme por satisfecho – En sí eso era lo que siempre había buscado, desde pequeño, ayudar a la gente que lo necesitaba. Si hubiera estado años atrás en el incidente de los fuegos artificiales, seguramente hubiera insistido en tratar de recobrar el ojo del Maestro Qai, o al menos reducir los daños en la visión al mínimo si es que no era capaz de hacerlo por completo. Su dedicación había sido siempre la medicina, para bien o para mal.

- Me ha llamado la atención lo de “cualquier elección” y “trascender las enfermedades humanas”. Heil, la vida siempre nos pondrá en todo tipo de situaciones que requieran de una elección complicada, sobre todo si tienes gente a tu lado a la que aprecias. En cuanto a lo segundo, nunca conviene a nadie jugar a tratar de ser Dios. Ni siquiera a un médico. Eres un buen chico, pero hay veces en los que te veo como aquel que se convierte en algo importante, pero durante el transcurso de su camino comete tantos pecados que lo convierten en un desdichado. Trata siempre de hacer lo correcto, no lo más fácil – Era un buen consejo el que le acababa de dar, aunque el castaño ya era consciente de ello. Una pequeña sonrisa se mostró en su rostro, antes de apoyar su mano más cercana sobre la cabeza de Heil, despeinándola un poco antes de levantarse y sin mediar más palabra, volver al interior del dojo.

Por su parte, el castaño se quedó sentado en el banco unos minutos más, dándole vueltas a lo que le había dicho el Maestro Qai acerca de su futuro y de la visión que tenía sobre él. A decir verdad, él era de los que harían cualquier cosa con tal de obtener el conocimiento que quería para curar a los otros. Aunque ello implicase usar vidas en el proceso de experimentación. Mordiéndose el labio inferior, una frase resonó en su cabeza antes de levantarse y seguir el camino de Qai hacia el interior de la edificación: “No hay que jugar a tratar de ser Dios, pero este nunca responde a los rezos de aquellos que lo necesitan. Y el mundo necesita a “alguien” dispuesto a ayudar”.
Nivel : D



Ficha de Datos Rápidos
Barra de Experiencia:
81/200  (81/200)
Akuma No Mi: Ver perfil de usuario http://hysteria-onepiece.foroespana.com/t118-heil-teller-id

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.