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Los ocho Reyes del Grand Line

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Los ocho Reyes del Grand Line

Mensaje por Emme el Dom Sep 06, 2015 11:38 am

¿Calma y total silencio?¿Acaso podía experimentarse algo más que eso estando frente a las apacibles pero tenebrosas olas del mar que se estrellaban frecuente y vivazmente contra la costa?¿O tal vez era algo más que hacía brotar tal sentimiento en quienes llegaban a pisar ese lejano y casi secreto lugar?


En aquella tierra literalmente virgen la presencia humana parecía estorbar, resultando innecesaria, incluso para resguardar el inmenso tesoro que allí residía. ¿Pero entonces, cómo era posible que se pudieran observar tenues y efímeras aquellas suaves pisadas sobre la arena?¿Se trataba de algún curioso o quizás un interesado en lo que en el interior de esa isla lejana permanecía casi oculto de los ojos de los curiosos?


Flores multicolores, ávidas y fragantes relucían llamativas y sublimes resguardadas por la peligrosa y filosa protección espadas, adornando todo en su conjunto aquel par de lápidas, que pese al tiempo no habían sido olvidadas y se les veía perfectamente cuidas.


El silencio que sellaba sus labios se evaporó súbitamente y el tono esmeralda que teñía sus pupilas miró por unos breves instantes a quienes habían compartido la osadía de tocar esas tierras sólo para recordar a quienes habían caído y dejado tras su partida no sólo ausencia y dolor, sino también el inicio de una nueva era.


—Parece que alguien se nos ha adelantado. Aunque este sitio no es del dominio público, por lo que me atrevo a decir que debes ser un miembro de su tripulación –dijo relajadamente aquel emperador pirata, conocido por todos como Mariya-.


—Estaba de paso y consideré propio venir a saludar antes de continuar mi viaje –contestó cortésmente mirando de reojo a aquel pelirrojo-.


—Nunca está de más visitar a los viejos camaradas –contestó Mariya al tiempo que observaba con atención a la joven que permanecía de pie a dos metros de distancia de él-.


Su cabello se mecía con el viento que soplaba por breves instantes desde la costa y se acomodaba apaciblemente sobre su espalda, llegando hasta sus rodillas.


Un corsé negro delineaba gracias a las correas ajustables que poseía su esbelta y bien formada figura femenina. De blusa blanca con mangas abullonadas, puños irregulares y fuera de la forma del hombro complementaban aún más su atuendo.


Una hoja adjunta de terciopelo rojo yacía alrededor de su cintura mientras vestía pantalones blancos que resaltaban inminentemente por esas botas altas negras con puño adornado por cintas carmesí.


Y sobre sus hombros descansaba lo que parecía ser una chaqueta de capitán de doble vista; carmesí en el interior y negra por fuera, gozando de detalles en carmesí y dorado sobre el área que quedaba inmediatamente a la vista de todos.


Su flequillo se alzaba ligeramente gracias a la ancha sección de tela carmesí que cubría su frente y que realzaba el tono níveo de su piel; así mismo secciones de su lacio cabello delineaban su rostro de suaves fracciones.


Y aunque posiblemente no excedía los veinte años de edad no le restaba méritos en ningún aspecto para ser considerada una mujer de bella apariencia.


—Aunque en ocasiones la visita termina llegando demasiado tarde, ¿no lo crees así Mariya? –contestó la joven sin mucho cambio en su timbre de voz, mirando con suavidad a Mariya-.


—Parece que soy lo suficientemente famoso como para que una mujer como tú sepa mi nombre –sonrió campante-.


—Es imposible no conocer a las leyendas que imperan en el mar del Nuevo Mundo. Mientras unas más perecen, otras más emergen y agitan las aguas de este inmenso y peligroso mar –sonrió disimuladamente sólo para girarse nuevamente hacia aquel par de tumbas-.


—Mmm…-por unos instantes sus ojos se concentraron en el pendiente que colgaba de la mano derecha de aquella chica, uno que pese a su extraño diseño, le resultaba familiar- Oye, eso es…


—¿Esto? –cuestionó a la vez que levantaba aquel pendiente a la altura de sus ojos- Es sólo un viejo recuerdo –sonrió con cierta ironía- Ey Mariya, ¿podrías tener la amabilidad de decirme dónde podría encontrar a ese chico que te admira y desea superarte…es decir, a Shi Kaeshin?


Los tonos cálidos del atardecer se iban perdiendo rápidamente con el inicio inminente de la noche. No obstante, quienes navegaban por los amplios y peligrosos mares no se inmutaban ante este acontecimiento, sino todo lo contrario, lo aguardaban con ansias, como si el manto nocturno fuera más una ayuda que un problema.


Sobre la cubierta de ese magnífico buque que llevaba orgullosamente el rostro de un león en el mascarón de proa, yacían los eufóricos dueños de tal navío, celebrando aunque se tratase de una fiesta, pese a que no se trataba más de un mero banquete nocturno.


—¡¡Esto está delicioso!! –expresó con enorme energía el capitán de la tripulación- ¡Uno más, por favor, Sanji! –decía gustoso mientras babeaba un poco al contemplar el enorme trozo de carne que se cocinaba en aquel consomé-.


—A este paso no dejarás nada para el resto de nosotros –decía por lo bajo Morgan-.


—Ya ni te molestes Morgan. Él no te escuchará sin importar lo que hagas –decía Nami, apartando en un simple movimiento su plato de las manos de su comelón capitán- Oye, esto es mío –alegó molesta y viéndolo con cara de pocos amigos-.


—Tengo hambre y Sanji aún no me trae más comida –se excusaba Luffy-.


—¡¡Pero sí ya te has comido lo de diez personas!! –gritaron al unísono Chopper y Morgan-.


—Nada como una cena relajante…Yohohoho…-comentaba Brook tras darle un sorbo a su taza de té-.


—¿Cómo puedes estar tan tranquilo Luffy? Después de lo que pasó en Dressrosa, gente tan peligrosa como Donflamingo nos tienen en la mira –se quejaba Morgan con cierto temor a su futuro poco acogedor-.


—Umm…Todo estará bien, deja de preocuparte Morgan –decía como sí nada Luffy-.


—¡¡Tú actitud despreocupada es lo que me preocupa!! –chilló Morgan-.


—Todo lo que le digas es inútil Morgan, ya sabes cómo es Luffy –decía Zoro-.


—La noche realmente está muy fresca –decía Robin despreocupadamente-.


—Robin-swan –decía melodiosamente Sanji quien en un santiamén ya se encontraba al lado de la morena sirviéndole el postre-.


—¡Sanji, más comida! –se quejaba Luffy-.


—¿Algo más que desees Robin-swan?¿Y tú, Nami-san? –preguntaba felizmente al tiempo que sus ojos se transformaban en rosas corazones-.


—Nunca cambias tonto cocinero –decía Zoro como si nada-.


—¡¿Qué has dicho marimo?!¿Es que acaso quieres pelea?


—Inténtalo si puedes, cocinero pervertido –le retaba el espadachín-.


—Ey chicos, mejor cálmense –pedía Chooper, quien por alguna razón había quedado en medio de aquellos dos, quienes se lanzaban miradas chispeantes y ruidos guturales amenazantes-.


—Esto será súpeeerrrr divertido –animaba Franky-.


—¡Tú deja de animarlos! –regañaba Morgan a Franky-.


—Esta banda de piratas sí que es ruidosa –decía aquel oso polar parlante que yacía sentado sobre el césped que cubría al Thousand Sunny-.


—¡Cállate oso parlante! –dijeron al mismo tiempo Zoro y Sanji en tono asesino-.


—L-Lo siento…-dijo depresivamente Bepo, quien simplemente se alejó un poco de la escena-.


—Ahí va de nuevo a deprimirse. Nunca cambiará –expresó el pelirrojo de boina negra, llamado Shachi-.


—Oye Shachi es mi imaginación, ¿o está empezando a hacer un poco de viento? –cuestionaba aquel hombre de gorra con las iniciales de Penguin-.


—Ahora deben de tenerme envidia. Con este grueso pelaje soy incapaz de sentir frío –decía orgulloso Bepo, quien ya se había recuperado-.


—Pero eso no te quita…-comentó Zoro-.


—Que seas un oso parlante parado en dos patas que viste ropas humanas –completó Sanji-.


—Lo…siento…-dijo en tono demasiado bajo Bepo, quien nuevamente se alejó de todos-.


—Quizás se deba a eso…-decía Luffy con la boca repleta de comida, señalando hacia el oscurecido cielo-.


¿Cómo algo tan grande podía surcar los cielos sin el mayor de los problemas?¿Qué era lo que mantenía a flote a aquella gigantesca fragata de velas cuadradas de tonalidad carmesí que se ondeaban con el viento nocturno y proporcionaban a la embarcación de dirección y estabilidad?¿Quién podía ser el dueño de semejante cosa?¿Por qué navegaba por esos mares, a esa noche y como si desease ser vista por quienes transitaran el mar esa noche?


—Pero…eso es…-decía con sorpresa Law-.


¿A dónde se habían ido a esconder las pequeñas y brillantes estrellas en la fría noche que recién dominaba con su oscuridad?¿Es que acaso experimentaban timidez al contemplar el esplendoroso cuerpo de la alba luna o simplemente las traviesas lunas habían decidido ocultarlas para que nadie más las contemplara?


El barullo que hace unas horas atrás se escuchaba en las callejuelas, en algunos establecimientos y en la mayoría de las casas lentamente cesaba. Y en un breve instante todo quedó mudo, estático y prácticamente sin vida.


Pero esa ley natural no se aplicaba dentro de las instalaciones de ese majestuoso e impenetrable castillo, aquel que albergaba a la soberana del país; ella era la emperatriz de aquella isla forjado por la belleza y fuerza de las mujeres.


Con una vista espectacular que le permitía contemplar su reino y sus alrededores, una cama suave y de enorme tamaño y fieles subordinadas que estaban a su disposición ante el más mínimo capricho de la emperatriz, la vida de aquella mujer, la más hermosa del mundo, se contemplaba fácil y cómoda.


—¿Han tenido alguna noticia de él? –cuestionó Boa a sus dos hermanas menores, quienes disfrutaban plácidamente de una taza de té-.


—Ha llegado al Nuevo Mundo sin problema alguno, nee-san –contestó Marigold-.


—Está claro que después de tanto entrenamiento se tornara mucho más fuerte. Así que les resultará difícil a los marines atraparlo a él y su tripulación –agregaba Sandersonia con una sonrisa-.


—Oh, Luffy, me pregunto si estará comiendo bien –se cuestionaba Hancock mostrando un semblante lleno de preocupación-.


—Ahí vas de nuevo Hibe-sama –interrumpió Nyon, quien entraba a la habitación de la emperatriz, una vez más, sin su consentimiento-.


—Otra vez tú –contestó de mala gana la gobernante-.


—Ya deja de preocuparte tanto por Luffy y mejor concéntrate en tus deberes –sermoneaba la anciana a la emperatriz-.


—Se veía tan apuesto con sus nuevas ropas –decía encarameladamente- Me pregunto si la comida que le empaqué habrá sido de su agrado.


—No tienes remedio –suspiró agotadamente Nyon-.


—Nuestra onee-san ha cambiado mucho desde que llegó Luffy a la isla por error –comentaba Sandersonia- Todas aquí le estiman.


—Pero ahora vivirá con la angustia constante de que a Luffy le vaya a pasar algo en el Nuevo Mundo –decía seria Nyon- Y con lo precipitada que eres…


Pero aquella conversación habría de ser postergada, la puerta pedía ser abierta a gritos y nadie parecía entender la emergencia del momento.


—¿Pero qué es lo que pasa, Margaret, Kikyo? ¿A qué debo todo este escándalo? –cuestionó malhumorada la emperatriz a sus dos centinelas-.


—¡Algunas mujeres han desaparecido! –contestó con brevedad Kikyo-.


—¿Cómo que desaparecido? Eso es imposible –interrogó con pesada mirada Hancock-.


—Expliquen la situación –pidió Nyon-.


—Nosotras ya nos habíamos marchado a descansar, pero…abruptamente escuchamos un par de gritos y corrimos inmediatamente para investigar lo que había pasado. No obstante, cuando llegamos, no había nada –comentó con sorpresa Margaret-.


—Tratamos de hallar el culpable. Quizás un animal salvaje se había adentrado a la ciudad y empezado a hacer destrozos, pero…no había marcas de animal por ningún lado. Es más, ni siquiera parecían haber muestra de oposición –comentó Kikyo preocupada-.


—Después escuchamos un par de gritos más, pero fue inútil hallar a alguien tras esto…Ahora toda la ciudad está a la expectativa –decía Margaret-.


—Esto tiene que ser una broma. No hemos tenido ninguna intromisión –decía Sandersonia- Hermana, vayamos a investigar.


—No podemos dejar que nos tomen el pelo –alegaba Marigold-.


—Claro que no –concluyó la hermana- Nade va a venirse a burlar de mí, Boa Hancock.


¿Por qué aunque existían testigos nadie podía decir nada con claridad?¿Cómo es que ahora podrían dormir tranquilamente sabiendo que existía alguien acechando y esperando a que volvieran a confiarse?¿Por qué la noche ahora era inquietante pese a la luz que proporcionaba esa inmensa luna?


No importa por donde buscasen, la respuesta era la misma y las dudas sólo se apilaban como un bonche de hojas viejas y sin utilidad.


¿Cuántas horas habían transcurrido desde esa exhaustiva búsqueda? Posiblemente el número de horas invertidas era proporcional a la frustración que emanaban aquellas poderosas mujeres al contemplar que sus esfuerzos habían sido en vano.


—Pareciera como si se los hubieran tragado la tierra –comentó Margaret, quien en compañía de Sandersonia revisaban por segunda ocasión la casa abandonada de una de las víctimas-.


—Es increíble que con la cantidad de mujeres que han desaparecida, no demos con ninguna –decía con enfado Sandersonia- Tampoco hay barcos en las costas de la isla.


—Y no hay manera que ninguna de nosotras haya sido, ¿entonces cómo? –cuestionaba con expectación Margaret, como si le fuera a ser respondida su pregunta de inmediato sólo por ser formulada-.


—Regresemos con las demás. Esta noche es mala idea estar separadas. Al no conocer al enemigo debemos cuidarnos.


Melodiosa como la sonata más serena y dulce que hubieran podido escuchar, era esa voz que en un repentino giro de las circunstancias inundaba sus oídos con aquellas resonantes palabras.


—La verdad muchas veces se encuentra frente a vuestros ojos…


¿Habrían de considerar como adecuado el dirigir su mirada con lentitud hacia aquello que había emergido en las entrañas de la oscuridad?¿Es que acaso pensaban que aquel enemigo oculto iba a permanecer inmóvil, aguardando a que ellas hicieran su primer movimiento?¿Por qué desafiar el sentido común cuando era evidente lo que había que hacer?


Labios delgados bellamente coloreados de un intenso y pasional carmesí, ojos ocultos en la oscuridad de esas hendiduras rasgadas que conferían a la blanquecina máscara un toque inusualmente tétrico, donde aquel sombrero negro de ala ancha yacía detalladamente adornado por fragmentos de tela blanca estilo ajedrez, rosas carmesí y una malla a cuadros que cubría al mismo tiempo su rostro.


Guantes negros y de cuero cubriendo sus delgadas manos; un mundo de holanes alrededor de su cuello que iban del bermellón, pasaban por la alba tela corrompida por negros y perfectos cuadrados, llegando al azul marino y concluyendo en el perfecto blanco. Patrón que se repetía hasta finalizar la vestimenta de aquel taciturno personaje.


—¡¡Tú has sido quien ha estado detrás de las desapariciones!! ¡¿No es verdad?! –exclamó furiosa Margaret, quien ya apuntaba con su flecha directo a la cien del intruso-.


—La juventud es sinónimo de precipitación y poco raciocinio. No deberías amenazarme con algo tan filoso como eso, jovencita.


Sólo un suave movimiento de su cabeza había bastado para deshacerse del peligro que aquella flecha impregnada de haki representaba, no obstante, eso no exentaba al enemigo de salir victorioso y vivo de aquel encuentro.


Veloz y poderosa era aquella amazona que ostentaba el título de gobernante igual que su hermana mayor y que en unos segundos había abandonado su forma humana para adquirir su apariencia híbrida de serpiente.


¿A dónde podía escapar aquel ser de ropas extrañas estando atrapado en el cuerpo viperino de esa amazona? Uno que empezaba a oprimirlo con mucha más fuerza para romper los frágiles de aquel osado ser.


—No creas que podrás escapar de mí. De nada sirven las palabras si no puedes hacer nada para defenderte –decía Sandersonia campantemente-.


—Las hermanas Boa Hancock, tan temidas por su poder como por su orgullo…Pero el que estemos en esta posición no es más que conveniente para mí.


—Antes de que termine con tu existencia dime, ¿a dónde las has llevado?¿Dónde las tienes? –cuestionó fieramente la amazona-.


—Ser un soplón no forma parte de mis planes, Boa Sandersonia. Así que puede iniciar con la tortura, que mis labios no hablarán.


¿Cómo podía obtener información de alguien que se negaba a cooperar pese a la tortura de la que estaba siendo víctima?¿En qué momento existió alguien lo suficientemente loco como para resistir la opresión de ese musculoso cuerpo?¿Es que acaso el infame sonido de los frágiles huesos siendo triturados era reconfortante para alguien cuando sólo se castigaba al culpable y no se encontraban a la víctimas?¿Qué sentido tenía el seguir estrangulando aquel cuerpo inerte si ya todo había terminado?


—Ha sido totalmente inútil…Al final no ha dicho nada –decía Sandersonia dejando caer sin amabilidad alguna aquel cuerpo-.


—El culpable ha sido detenido, aún podemos hallar a las mujeres que fueron secuestradas –consolaba Margaret-.


—Sólo espero que no haya venido solo –dijo para sus adentros la mujer serpiente-.


Nunca antes sus sentidos le habían sido de tanta utilidad. ¿De dónde había sido lanzado aquel ataque?¿Cómo es que había sido tan rápido? Y sobre todo, ¿cómo era posible lo que sus ojos estaban contemplando?


—¡¿C-Cómo…es posible esto?! –cuestionaba Margaret sin despegar su mirada de aquel tumbado cuerpo-.


—La precipitación no es buena si no se conocen dos factores esenciales…El ambiente y las habilidades del enemigo…


¿Podía funcionar por segunda ocasión el mismo truco? Posiblemente en algún otro adversario, pero no en él. ¿Y si se había dejado atrapar por segunda ocasión podía significar una ventaja? ¿O tal vez se trataba de una amenaza latente aún sin visualizar?


—¡¡Deberías estar muerto, rompí todos tus huesos!!


—Tu fuerza, como me la han descrito, es asombrosa Sandersonia….Pero necesitarás más que fuerza bruta para destrozar mi ya frágil cuerpo –dijo con satisfacción, como si por detrás de aquella máscara se encontrara sonriendo abiertamente-.


—¡¡Es imposible que sigas vivo!! –proliferó Sandersonia, aumentando su fuerza e imposibilitándole cualquier escape al arlequín-.


—Las damas debemos ser delicadas…Debemos ejecutar nuestras batallas con absoluto arte…


—Estás loca –fueron sus últimas palabras antes de destrozar entre su poderoso agarre a aquel cuerpo-.


¿Era el brillo de las estrellas? No, pero era igualmente resplandeciente y hermoso, aunque extrañamente ajeno y peligroso.


Sus ojos no las engañaban, sus sentidos no las traicionarían, pero el porqué estaba ocurriendo todo aquello aturdía sus mentes y las estaba haciendo buscar explicaciones donde sólo podían confrontar la realidad.


¿Podían existir tantas copias de sí mismo?¿Podían ser reales o meros espejismos creados por alguna artimaña que aún permanecía oculta?¿Por qué sin importar cuantas veces se les destruyeran éstos simplemente continuaban levantándose, como si no les afectara nada el daño realizado?


Evadía los ataques antes de que éstos fueran ejecutados, destrozaba aquel cuerpo con simples golpes cargados de su poderoso haki, y sin embargo, no terminaba con aquel enemigo, que sólo se levantaba y se mantenía de pie sin hacer absolutamente nada.


—Esta noche ha sido brillante aun cuando no hay ni una sola estrella iluminándonos desde el cielo. ¿No lo crees tú también de ese modo, Margaret? –cuestionó a la amazona sin voltearla a ver-.


—¡¿Q-Qué…eres?!


—Ven conmigo y averígualo.
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