¡Bienvenidos a Hysteria; One Piece. El mejor foro de rol en el que podrás forjar tu propia leyenda en los 7 mares del universo creado por Eiichiro Oda. Elige tu camino, en el que podrás ser parte del mundo pirata, convertirte en un héroe de la Marina, cambiar el mundo con la revolución, alistarte en las filas del Gobierno o escoger una vida de cazador en la que podrás hacer todo lo que quieras. La libertad está solo a un paso y tu puedes escoger el modo de conseguirla. ¿Como serás en Hysteria; One Piece?
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Antepasados? Quizás

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Antepasados? Quizás

Mensaje por Emme el Vie Sep 18, 2015 3:25 pm

quel día me levanté de la cama, ya sentía que algo malo iba a ocurrir, desde el mismo día de mi nacimiento, de hay en adelante, mi vida fue un verdadero desastre, al cumplir los 5 años, mis padres comenzaron a desatenderme, a pegarme por nada, a negarme incluso la comida, los odiaba a muerte, por mí podrían quemarse, morir, o cualquier cosa horrible, mi odio iba aumentando por cada año que pasaba en aquella casa asquerosa, de la cuál solo guardaba recuerdos horribles. Mis paseos por la villa eran lo único que hacía que desconectara de tal sufrimiento, aunque solo duraran horas y ese infierno eternamente, en la villa veía a marines detener piratas, pensaba que esos hombres que eran enviados hasta Impel Down eran la escoria más grande de todo el mundo, que todos y cada uno de los piratas eran las ratas más traicioneras que podrían existir tanto en East Blue como en todos los mares conocidos hasta la fecha.
Podría decirse que odié tanto a los piratas que podían compararse con mis padres, pero eso cambió totalmente un día, un día en el que me encontraba en la plaza de la villa, donde me crucé con un pirata, un pirata que cambió mi vida para siempre.

Era un domingo, mis pies me llevaban por la plaza, estaba distraído con un periódico en las manos, tan solo tenía 7 años cuando todo ocurrió, de pronto, noté un golpe en un hombro y caí al suelo -Eh, mira por donde vas- Grité a quien me tiró al suelo, en cuanto levanté la cabeza, pude observar aquel sombrero, aquella capa y aquel traje de pirata, mi rostro quedó en blanco, me tiré hacia atrás y de mis ojos comenzaron a caer lágrimas -Lo siento chaval, culpa mía, ven que te ayude- El pirata me cogió de la mano y me levantó, jamás esperé aquella reacción, creí que me gritaría o que me apuntaría con un revolver, cosas así típicas de piratas, pero no ocurrió -Gra... Gracias... Esto... ¿Qué hace un pirata aquí? La marina está revisando toda la ciudad- Aquel hombre me sonrió y miró al cielo al mismo tiempo que soltaba una carcajada -¿La Marina? Esos a mi no se les ocurre ni acercarseme, soy de lo más poderoso de Grand Line, con una recompensa de 670.000.000- Mis ojos se abrieron como platos, espero que hubiese escuchado bien, 670.000.000, era para matarlo hay mismo y entregarlo a la marina, me llevaría un pastón, pero prefería que no, caería en un gran problema.

-Pero si eres del Grand Line, ¿Qué haces aquí?- El pirata miró al horizonte, el sol brillaba con intensidad -He regresado al que fue mi hogar- Me sorprendí, Syrup fue el hogar de este "gran pirata", pues jamás había oído hablar de él -Oye chico, vente a tomar unas copas conmigo a la taberna... te invito a lo que quieras- Acepté sin dudar, llevaba sin tomar algo de beber desde que mi padre se metió en la oficina y mi madre se fue a echar una siesta, una dos horas.

Varias horas después, aquel pirata me contó muchísimas historias que pasó en el Grand Line, así como pasó por una persecución en Arabasta a como llegó hasta el Reino de Drum con tan solo un chaleco y unos pantalones -Pero.. ¿no pasaste frio?- El pirata comenzó a reir, ya llevaba varias copas de más, pero parecía bastante sobrio, por lo que respeté que bebiera un poco más -Chico, la piratería no es fácil, y si quieres ser un gran pirata, debes sobrevivir con lo mínimo... la Era de los Sueños no ha hecho más que empezar- ¿La era de los sueños? ¿Qué demonios era eso? Puede que la llamada Gran Batida por encontrar el One Piece sería otra de esas eras, pero parecía la misma, o eso decía aquel lobo de mar, mi respeto hacia los piratas aumentaba aún más, sobre todo cuando me hablaron sobre el misterioso One Piece -Verás chico, dicen que existe un tesoro tan grande que ni 10 buques podrían cargarlo todo, ese es el One Piece, el tesoro más grande de todos, el tesoro del Rey de los Piratas, aquel que lo encuentre se coronará como tal... mi sueño es conseguirlo, pero... mi salud empeora con el paso del tiempo, cada vez estoy más débil... por ello, me encantaría que tú ocuparas mi lugar... si te decides por hacerte pirata, desearía que te hicieras con ese tesoro y que tú te convirtieras en Rey de los Piratas-

Habían pasado varios años desde mi reunión con aquel pirata, mi odio se convirtió en miedo y mi miedo en admiración, los piratas me resultaban mucho más interesantes. Con tan sólo 9 años, ya me había construido mi propia barca, la cuál utilizaba para pescar y conseguir mi propia comida, pasaba de todo lo que mis padres decían y ya estaba harto de sus prohibiciones, siempre con lo mismo "Como cojas esa balsa la quemaremos" "Te golpearemos hasta que se te quiten las ganas de ser pirata" Sinceramente, ya pensaba en irme en el barco de ese pirata cuando volviera a Syrup, de verdad apreciaba el calor que estos me proporcionaban, había entablado amistad con bastantes piratas y a algunos les hacía trabajos sucios a cambio de algunos berries para mi subsistencia, ellos aceptaban sin rechistar y yo me beneficiaba de ellos.
Días más tarde, los periódicos trajeron malas noticias desde Grand Line, al menos para mi -¿Cómo dices? ¿Que la banda de Shinigami ha sido apresada y enviada a Impel Down? Seguro que su capitán va a ser ejecutado al instante, los demás se encontrarán en los niveles del 3 al 4, no habrá ninguno tan peligroso como para internarlos en el 5, el último y mas bajo nivel- Mi rostro cayó hasta el suelo, la banda de piratas Shinigami había sido capturada, aquel pirata que me cambió iba a ser ejecutado, la marina se había ganado el puesto que antes ocupaban los piratas en mi lista negra.
Unas lágrimas comenzaron a caer por mi rostro, comencé a llorar en la taberna delante de un grupo de piratas, todos se quedaron patidifusos, no sabían que ocurría, seguramente sería por algo relacionado con esa banda pirata, pero aún así dudaban sobre esa teoría.

-Me mentiste... me dijiste que podría irme contigo... que me convertirías en el Rey de los Piratas... porque te has dejado coger.. ¡¡¡¡¡MALDITO!!!!!- Mis gritos se podían escuchar desde la colina en la que me encontraba hasta el mismo pueblo, no podía parar de llorar, era como si los ojos estuvieran llorando sin orden mía y no quisieran detenerse, caí al suelo y me tumbé, no podía dejar de pensar en todo lo que me dijo, en todo lo que me contó, las historias, quien lo capturase se llevaría un buen botín para casa, decidí entonces volver a casa, por el camino, algo impactó en mi cara, se trataba de un cartel de "Se Busca", en el aparecía el rostro de aquel pirata, su recompensa "670.000.000" era real, no me mintió, su rostro aparecía tachado, me fijé y vi a un marine recogiendo varios carteles más del mismo pirata, se me acercó -Oye chico, dame ese cartel, se me ha volado- Su lengua era fría, se creía superior a mi, en cuánto se dió la vuelta salté sobre él y comencé a golpearle el rostro -¡¡Por vuestra culpa... es vuestra culpa... ahora el estará muerto o a punto de ser ejecutado- Mis golpes impactaron contra su rostro, con solo 9 años dejé a aquel hombre dolido, pero 5 marines más fueron a por mí, me rodearon y entre dos me cogieron, otros se acercaron para esposarme, a uno le pateé la cara y el otro consiguió cogerme y esposarme, dos miembros de la marina habían quedado en el suelo, los demás me llevaron a casa.

-Señora, ¿este es su hijo?- Mi madre me miró y con un gesto de odio me golpeó en la cara -Espero que no les haya causado molestias este crío estúpido- Los marines asintieron y me quitaron las esposas, acto seguido se fueron por donde vinieron -¿Eres idiota? ¿Quién te crees para atacar a dos miembros de la marina, eh, el rey de los piratas?- Mi rostro se enfureció, miré a mi madre con odio y corrí a mi habitación, pero mi padre se colocó en medio -¿Adónde crees que vas? Hazle caso a tu madre, crio del demonio- La mano de mi padre impactó contra mi rostro, comenzó a salir sangre de mi labio inferior, me lo había roto del puñetazo.
Los días pasaban, y los maltratos continuaban, no me dejaban salir, no me daban de comer ni de beber, sufría cada vez más, solo porque ataqué a dos marines simples que me hablaron con superioridad, como si eso fuera un crimen, aunque en realidad si que lo era.

Ya eran 13, 13 años los que cargaba sobre mis hombros, ahora trabajaba en el puerto bajo las órdenes de mi padre, me tocaba cargar cajas pesadísimas a la espalda y esta acababa con un dolor insoportable y mis hombros quedaban marcados por las quemaduras de las cuerdas que debía atar a las cajas, allí, casi todos los trabajadores se quejaban y si mi padre escuchaba una sola queja les disminuía el sueldo, por ello, aprendí a no quejarme, además, el puerto me dejaba observar la maravilla de barcos piratas que atracaban en él, muchos piratas eran magníficos, otros daban pena y otros, bueno, eran normalitos, pero yo deseaba volver a ver el barco que portaba aquella calavera en su bandera, aunque, ya hacía 4 años que lo encerraron, seguramente su cabeza ya estará podrida -Más rápido, moveos, cab**nes- Mi mente se turbaba cada vez que mi padre aparecía para darnos órdenes y gritarnos, jamás pensé que sería yo el que tendría que cargar con esto.

Las semanas pasaron, y mi cuerpo estaba acostumbrado a portar cajas, me había vuelto resistente, mi cuerpo resistía los golpes que mis padres me propinaban, y mi fuerza ascendía cada 5 cajas que levantaba al día, era algo espléndido, era como si esto me estuviera sirviendo de entrenamiento, aunque doblemente agotador -Tchh... Zenit, ¿has escuchado que en Loguetown se ha asentado una banda de piratas que buscan nakamas?- Mi rostro se iluminó, buscaban nakamas, era impresionante, aunque yo siempre soñé con tener mi propio barco y mi propia tripulación, donde yo fuera el capitán y todos me respetaran, donde yo fuera el hermano mayor y los demás serían como mis hermanos menores, todos serían parte de mi familia -Paso de ir hasta allí para llevarme una decepción, yo montaré mi propia tripulación y me convertiré en el Rey de los Piratas- Todos me escucharon decir aquello y sus risas comenzaron a bombardearme, los marines también comenzaban a reírse, estaba harto de esto, pero solo debía esperar un poco más, solo un poco, el tiempo justo para poder largarme de este lugar asqueroso y poder construir mi propia tripulación, así cuando fuera un pirata de los más buscados podría demostrarle a mis padres que no era escoria ni basura.

Dos meses más tarde, llegó a la villa un oficial de alto rango de la Marina, sabía que esto iría muy mal con mi plan de conversión en un pirata, si descubría que estaba ahorrando para convertirme en pirata me decapitaría en la misma plaza y mi cabeza rodaría hasta el mar, bañándolo con mi sangre -Niño... ven aquí- Mi padre me llamó en aquel momento, sabía que lo que me iba a pedir no me iba a gustar nada -El Oficial vendrá a examinar la casa, espero que tu no estés en ese momento, ni tú ni tu insana obsesión con la pirateria- Mi mirada se llenó de odio, nada más escuchar eso, subí a mi cuarto agarré una maleta y ma largué de casa hacía las colinas, seguro que allí encontraría a alguien que me quisiera, hasta una piedra me tendría más cariño que mis padres.

-Oficial, estamos a sus órdenes, es un placer tenerlo aquí- Observaba cada uno de los pasos de ese general, puede que si le derrotase me ganaría una gran fama aqui y podría robar su buque para largarme de aquí, mi balsa fue quemada por mis padres y esa era la única vía de escape, aunque sería un suicido, me planteé pensarme bien este plan, pero atacaría y derrotaría al oficial si o si, sin dudarlo. Días más tarde, todos los piratas de Syrup comenzaron a caer, todos fueron prisioneros de ese maldito oficial, y todos fueron enviados a Impel Down o a prisiones de menor rango, cada día maldecía más a aquel hombre y a los suyos, a todos los siervos del Gobierno Mundial incluidos mis padres -Señor, otro pirata más ha sido capturado, otro logro para la Marina- Cada vez que escuchaba eso, mi cabeza me bombardeaba, comenzaba a darme dolores de cabeza extremos, tuve que acudir a un médico que me dió pastillas para el dolor, una a la semana si el dolor se continuaba y no más, si no, me sentarían muy mal -Gracias doctor, ¿cuánto me costaría esto?- Aquel hombre me hizo un gesto de que me fuera -Nada hijo, te lo dejo gratis, has sido de mucha ayuda al transportar las mercancías ayudando a tu padre, muchas de esas cajas portaban esas mercancías- Mi cara se mostró agradecida, la verdad, mi tripulación necesitaría un médico, pero era imposible que alguien tan mayor como él aceptase unirse a mi, además, aún siquiera tenía bandera, debía crearla.

Había cumplido los 16 años, ya estaba en pleno derecho de emancipación, pero preferí no hacerlo, necesitaba todo el dinero que pudiera hurtarle a mis padres para largarme de aquel lugar, quería cambiar, hacía un año que dejé de trabajar para mi padre y ya no me pagaba los 200 berries de antes, pero algo era algo, algo con lo que podría subsistir yo solo, con alimentación básica y ropa -Sólo queda mi bandera, pero... ¿cómo lo voy a hacer?- Decidí visitar a un viejo amigo que vivía en las afueras de Syrup, cerca de la colina en la que estaba viviendo yo. Fueron horas de caminata pero valió la pena, allí estaba el viejo "tatuador", aquel hombre era capaz de tatuarle a una vaca el símbolo de una gallina en el costado sin que se enterara, quería tatuarme algo que representara mi bandera -Eh, viejo lobo, quiero que me tatúes algo- Aquel hombre de morena tez me miró fríamente, al menos hasta que reconoció mi rostro y supo quien era -Así que el joven Zenit desea que le tatúe algo que le represente, y dime, ¿qué desea el joven?- Pensé un momento y en un instante la bombilla en mi cabeza se encendió. Se tiró dos horas para tatuarme todo lo que le pedía, y todo aquello me costó más de 700 berries, aproximadamente unos 1200 en total, pero pagué con gusto, pues me encantó como quedaron mis tatuajes, una gota bajo el ojo izquierdo y una estrella bajo el derecho y luego en la espalda una araña, ese sería mi símbolo, la araña marcada con el número 4 -Gracias, te mereces más de lo que me pedías- Tras eso le lancé una bolsita pequeña llena de berries, tenía dentro otros 500, me sobraba el dinero, en realidad a mis padres.

Desde ese momento dejaría de ser el noble Sead D. Zenit y pasaría a ser el "Bufón Titánico", Sead D. Zenit, el pirata más buscado de los Mares Cardinales de momento, aunque la búsqueda de mi cabeza aún estaba pendiente, aún ni me había dado a conocer como pirata, eso llevaría mi tiempo, pero para ello, tenía que dar un gran golpe, me enfrentaría a aquel oficial... ¿el lugar perfecto? la casa de mis padres.

Comencé a vestir con un traje parecido al de los tahúres, símbolo místicos relacionados con las cartas o las barajas utilizadas en trucos mágicos, había llegado el momento de enfrentar a aquel oficial, le derrocaría y haría que el precio de mi cabeza ascendiese vertiginosamente, sin lugar a duda sería una notica que les encantaría leer y observar a los altos miembros del Gobierno Mundial y a los altos cargos de la Marina, un nuevo pirata había llegado, pero antes, debía volar aquel buque de la Marina...

Todos me miraban asombrados, me había convertido en un hombre, ya tenía 18 años, me encontraba en el puerto y había virado dos cañones para colocarlos mirando al barco marine del oficial, nadie parecía reaccionar ante mi -Recordad esto... Mis movimientos son mi arma frente al futuro- Tras esas palabras, encendí los cañones y estos dispararon al buque, provocando su hundimiento, todos corrieron ante el pánico y los marines llegaron a aquella escena, pero para su desgracia yo ya no me encontraba allí, había huido gracias a la multitud, mi próximo objetivo se encontraba lejos del puerto, se encontraba en el antiguo infierno que había vivido, en la casa de mis padres.

El oficial se encontraba allí, con sus hombres, varios nobles también habían llegado a la invitación de mis padres, todos comían de aquel bufete que habían preparado mis viejos, toda la comida que se habría ahorrado conmigo la estaban ofreciendo a completos desconocidos. Ya había preparado mi bote de huida de Syrup, mi bandera estaba recogida y las provisiones colocadas en cofres junto a 3000 berries con los que subsistiria en mi trayecto a la próxima ciudad.

-Verdaderamente es una fiesta espectacular- Aquel oficial charlaba con mi padre, de pronto se escuchó un roto y una voz en lo alto de la casa -¿Mi voz muestra mi frialdad? Todos observaron a lo alto y allí me encontraba yo, bajé de un salto y caí sobre dos marines, ambos cayeron inconscientes -¿Quién eres muchacho?- Mi mirada quedó fría, observando los movimientos de todos los presentes, pero pensando en uno solo -Mi mente se mantiene en blanco... La sangre derramada hoy será la tuya, oficial- El oficial soltó la copa de vino y desenfundó su katana -¿Mi sangre, quieres mi sangre? Deberás sacármela a estocadas- Solo coloqué mis brazos como si fuera un maestro del Kung Fu, tras años de entrenamiento en las colinas me habría servido de algo.

Me lancé a por el oficial, una estocada me alcanzó al principio, mis golpes impactaban contra el cuerpo del oficial y contra sus hombres, poco a poco caían -Solo te necesito a ti, oficial, los demás son solo carroña- Cada golpe que le impactaba le dolía, igual que sus estocadas, poco a poco se cansaba y mis padres me observaban odiosos y cabreados, como si yo no fuera su hijo -Deténgase maldito pirata- Aquellas palabras de mi padre golpearon en mi cabeza y en la de los marines, solo necesitaba esa palabra "pirata".

El último golpe impactó contra el rostro del oficial, cuando cayó, salté por la ventana y corrí hacia el puerto, me monté en mi bote y conseguí huir mientras gritaba con fuerzas -Yo seré el próximo Rey de los Piratas-
Los marines me observaban desde Syrup, se negaron a perseguirme, pero se quedaron con mi cara y mi bandera, me llamaron "El Bufón Titánico" y fui perseguido en cada isla, hasta hoy día...
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