¡Bienvenidos a Hysteria; One Piece. El mejor foro de rol en el que podrás forjar tu propia leyenda en los 7 mares del universo creado por Eiichiro Oda. Elige tu camino, en el que podrás ser parte del mundo pirata, convertirte en un héroe de la Marina, cambiar el mundo con la revolución, alistarte en las filas del Gobierno o escoger una vida de cazador en la que podrás hacer todo lo que quieras. La libertad está solo a un paso y tu puedes escoger el modo de conseguirla. ¿Como serás en Hysteria; One Piece?
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The Stranger IV [Fic]

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The Stranger IV [Fic]

Mensaje por Heil el Jue Sep 24, 2015 10:02 am

Ambos personajes ya estaban preparados para intercambiar espadazos, y el pelinegro esperaba que sus conocimientos básicos de kenjutsu le sirvieran en aquel instante para poder sobrevivir a la ira de un recluta de la Marina. Vale que aquello no infundiera demasiado temor, pero había que recalcar que Heil no era ningún monstruo en especial, sino una persona que se había marchado de su isla con dos espadas, normal y corriente. No pasaría mucho tiempo hasta que pudiera ser considerado un auténtico espadachín, pues la habilidad se gana con la experiencia, y en eso no tenía demasiado ímpetu. De todas formas, las esperanzas por ver un nuevo mañana alejado de las jaulas de Ohara era lo que le movía a actuar de aquella forma. Si vacilaba en un mínimo instante, podría ser que su adversario se aprovechase de la ocasión, y entonces todo estaría perdido. Así que mantuvo su postura de combate lo mejor que pudo, para luego esperar a que fuera el recluta de la Marina el que se lanzase primero a por su persona. Después de todo, le habían enseñado que la calma es una característica muy sabia y útil en los combates, pues una mente que está tranquila siempre reaccionará mejor que otra que está enfadada.

Así, tras unos diez segundos de absoluto silencio por ambas partes, fue el recluta de la Marina el que dio el primer paso para comenzar la batalla. Cargó hacia delante con el sable sujeto por ambas manos, mientras que Heil adelantaba la espada que portaba con su mano izquierda para interponerla por delante de su cuerpo, en horizontal. Una vez que el enemigo estuvo a menos de dos metros del chico, alzó la espada con ambas manos y, con un grito un tanto atípico para los de su facción, bajó el arma con la intención de realizar un corte descendente en vertical. El chico, que seguramente tendría menos fuerza que su adversario, decidió desviar la espada empleando la que portaba en su mano izquierda. La movió de tal forma que su filo chocase con el sable, re-direccionándolo hacia la derecha y haciendo que golpease contra el suelo. En ese momento, se giró hacia atrás para lanzar una estocada hacia su espalda con la otra espada de la mano derecha. Sin embargo, se encontró con un fuerte cabezazo que le hizo caer de bruces hacia el suelo. El marine había visto lo que tenía pensado hacer, y le había contrarrestado de una forma rústica y poco convencional en un duelo de espadas.

Tuvo que moverse rápidamente, pues el enemigo fue para patearle. Rodó por el suelo para salir de su alcance, y cuando pudo se levantó portando ambas armas por delante de su pecho. La caída había hecho que sus ropajes se ensuciasen un poco, y una parte de la tela de su gabardina se había rasgado un poco. Lanzó una mirada de comprensión al marine, tenía que ver a través de sus movimientos si quería ganarle. Eso, o ser un poco más sucio de lo que un espadachín honorable tenía que ser. Sin embargo, y como todo buen pirata que se preciase, el juego limpio no tenía por qué darse contra enemigos de una facción distinta, así que se preparó para atacar de una vez por todas.

Esta vez, fue el pelinegro el que se lanzó con un fuerte impulso hacia su enemigo, lanzando un corte oblicuo ascendente con la espada de la mano izquierda. El marine bloqueó la acometida con el sable y lo contrarrestó con una patada. Sin embargo, esta vez el espadachín pudo verla correctamente, por lo que la esquivó por los pelos, echándose a un lado. Aprovechando que el enemigo tenía todavía la espada un poco atrasada y la pierna levantada, lanzó una estocada hacia la rodilla del hombre. Una estocada frontal, rápida y que surtió efecto. Rasgó la tela del pantalón del marine, al igual que la carne. Este soltó un pequeño grito, y cuando volvió a apoyar la pierna en el suelo, se pudo notar a la perfección que le daban pinchazos de dolor. Después de todo, Heil nunca atacaba sin un propósito fijo, y por lo que parecía, ya empezaba a tener la ventaja del combate. Una sonrisa nació en sus labios, no lo hacía tan mal como pensaba.

El marine había sido herido en la rodilla, y cada paso que daba le obligaba a mostrar muecas de un dolor claramente molesto. El pelinegro tenía que haber tenido la suerte de cortar algún tendón cercano, o incluso de acariciar el hueso del enemigo. Eso podía hacer que se resintiera, por lo que la ventaja del momento era para él. Sin embargo, el enfrentamiento no estaba todavía ni a medias, por lo que la cautela debía seguir siendo una de sus claras compañeras. Esperó nuevamente a que el marine fuera a por él, y no tardó mucho más en ello. Hizo un amago de cortarle empleando su sable a una mano, por lo que el chico se movió hacia un lado. Sin embargo, recibió un puño sorpresa que no se esperaba. Le había engañado, y recibió aquel golpe en la mejilla con todo el potencial que sus nudillos imprimieron. Echándose un poco hacia atrás, el pirata soltó sangre por la boca, que manchó el suelo donde cayó y la punta de sus botas. Se limpió la boca con la manga de su gabardina y se preparó para atacar. Esta vez, todo sería más rápido y efectivo.

Aprovechando que el enemigo tenía las piernas abiertas, y que fácilmente Heil podría colarse por ellas, se le ocurrió una idea que sería letal para el marine. Comenzó a correr con ambas espadas en horizontal, como si fuera a realizar una doble estocada hacia su pecho. El marine se protegió colocando la espada en vertical por delante de su cuerpo, esperando a la embestida. El chico también sabía amagar, por lo que esta vez el factor sorpresa sería para él. Movió sus espadas como si fuera a atacarle, y justo cuando estaba a punto de hacerlo, cayó al suelo para deslizarse bajo las piernas del enemigo. Tenía una de las espadas extendidas hacia arriba, y debido a que el recluta no cerró las piernas a tiempo, sus partes nobles fueron cortadas con un tajo realmente efectivo. El grito de dolor que profirió el hombre retumbó por toda Ohara, incluso cayó al suelo de rodillas. En ese momento en que estaba sumiso, el espadachín aprovechó para lanzar un corte a los tendones que había en la parte trasera de las rodillas. Funcionó a la perfección, e hizo caer completamente al marine.

No ha estado mal, pero al final ha resultado que no eres más que una persona común – Comentó un poco airado el chico, mientras empezaba a dar pasos hacia atrás para salir de la zona de ataque del hombre.

Este estaba tumbado boca abajo en el suelo, sujetando el sable con una única mano. Sin embargo, debido a su actual estado de salud, le sería imposible levantarse. Le había cortado los tendones, y la sangre bañaba sus pantalones. No podría andar hasta que recibiera tratamiento médico. Pero en un alarde de coraje y furia, el hombre se giró y lanzó la espada hacia el chico. Tuvo el tiempo suficiente para llevar una espada a su hombro y desviarla hacia un lado, con tan mala suerte de que consiguió rozar su brazo izquierdo y dejar una marca de sangre en él, de unos cuatro o cinco centímetros. Mordiendo con fuerza, el chico se acercó para lanzar un par de cortes más a su espalda, dejándolo completamente K.O. tras algún que otro ataque más dirigido a su cabeza con el mango de las espadas. Como a su compañero, no había decidido matarle, sino dejarle inconsciente.

Una vez que divisó que el peligro ya no era existente, y tras comprobar que el enemigo no se levantaría nuevamente para matarle, guardó sus espadas y se giró para observar el muelle en el que se encontraba. Era cierto que podía tomar un pequeño bote o velero para escapar del lugar, pero es que no tenía ni la más sencilla idea de cómo navegar un barco. De todas formas, era su único plan de escape. No podía quedarse en Ohara hasta que pudiera aprovechar para subirse a un barco pesquero. Era actuar ahora, o ser atrapado con el paso de la noche. Por tanto, decidió subir a un velero no demasiado grande, de un solo mástil y cabina de timón. Desanudó la soga que lo mantenía atado a un pilar de madera del muelle y lo dejó en libertad. Intentó moverlo como buenamente pudo para direccionarlo hacia el mar, y entonces bloqueó el timón para que lo llevara hacia una isla aleatoria. Le costó hacerse con los mandos del timón, por lo que decidió dejarlo de aquella forma para no complicarse mucho. Iría con un ojo avizor en la cubierta, para que en caso de que encontrase algún inconveniente, pudiera rodearlo de alguna forma ruda y poco convencional.

Dejando de lado todo aquello, el chico había conseguido escapar de la isla de una forma que no podría catalogarse como triunfal, pues no había nada de heroico en sus acciones. Sin embargo, su vida seguía el pleno curso de la corriente, que era motivo más que necesario para que una sonrisa saliera a flote en sus labios. Estaba contento: no solo había dado esquinazo a varios marines, sino que seguramente pondrían una pequeña cifra de recompensa por su cabeza. Como pirata primerizo, no era una mala opción. Ya estaba deseando saber los resultados de su primera aventura, y tal vez no tardase demasiado en darse cuenta de que ponerse en contra de la Marina podría ser malo si siempre se movilizaba en soledad. Pero como los lobos que buscan a su presa con paciencia y cuidado, él estaría esperando a todo aquel que quisiera apresarlo. Con las fauces abiertas, listas para morder la mano que quisiera acariciarlo. Ese era Heil, y su historia no había hecho nada más que comenzar.
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