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[Fic] Bravuconería Sachakana

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[Fic] Bravuconería Sachakana

Mensaje por Emme el Lun Ago 24, 2015 5:02 pm

Hoy no os contaré mis aventuras, nada de contar todo lo que me ocurrió antes de salir de Sachaka como pirata, no, os contaré una historia que le ocurrió a mi abuelo, una historia muy interesante:

En algún lugar del West Blue...



- Tabernero, sírvame otra copa de whiskey, por favor. –Decía un hombre sentado en la barra, sin esperar a nadie ni hacer nada, sólo con la actitud de dejar pasar las horas bebiendo.
Rápidamente se término la copa. –Otra más. – Grito esta vez.
- ¿Por qué no te lo tomas con calma como siempre? –Contestó el tabernero.
- ¿Ya te has cansado de mi dinero, ya no vas a querer más? ¿Cuánto has ganado a mi costa desde que estoy aquí?
- En los cinco meses que lleva usted ya aquí, unos 200 ₴ diarios, pero hoy ya llevas eso gastado y ni siquiera es la hora de la comida.
- Y qué más te dará. Si te vas a quejar ponme otras cinco copas más, que ya me las iré bebiendo. Toma 1000 ₴. Cuando beba lo equivalente a esto me lo dices y me iré.

Tras dos horas más bebiendo el hombre se dio cuenta de un grupo de tres chicas jóvenes, no mucho más que el propio hombre, que estaban sentadas al otro lado de la barra.
- Tabernero, sírvale una copa de whiskey a cada una de esas chicas.
- Esas chicas no beben, chico.
- Que hagan con ellas lo que quieran, usted sírvaselas. –Dijo siempre con modales aunque con la voz alta.
El camarero se acercó a las chicas y les ofreció las copas tal y como ordenó el joven hombre de la barra. Una de ellas se mostró reticente a la petición, aunque las otras dos amigas aceptaron con una sonrisa y levantando su copa hacia el chico. Este les saludó de igual modo, bebió todo de un trago, estampó el vaso contra la barra llegando a romper el vaso e incluso agrietando levemente la madera y finalmente dijo:
- ¡Tabernero! Ya sabes, ponme otro, el vaso este lo recojo yo.
- Te vas quedando sin crédito.
- No jodas y llena. –Replicó al tabernero. –Y a ti chica, ¿qué te pasa? ¿Por qué no bebes? –Dijo mientras miraba fijamente a la joven que no aceptó su bebida.
- No me gusta, no suelo hacerlo. Me deja demasiada mala sensación.
- Si después de uno bebes otro la sensación siempre mejora, siempre va a más. Te da una calidez que hace soportable la vida tan amarga que hay en esta pequeña isla. –Dijo dirigiéndose a las chicas aunque con la mirada al enorme espejo que había tras la barra. -¡Tabernero!, sírveles otro trago a las chicas.
- No. Aquí se acaba el juego. Toma una última copa para ti. Tómatela y lárgate de aquí. –Dijo el camarero con voz muy seria y aspecto de estar muy enfadado. –Eras más amable cuando llegaste y apenas hablabas nada y te tomabas nada más que una copa.
- Hay dos tipos de personas en el mundo tabernero. –Habló el joven con una voz más grave que nunca, intentando mostrar seriedad en lo que decía. –Hay dos tipos de personas en el mundo, las personas que beben y las personas que sirven a los que beben, y tú estas en el segundo tipo. Sírveme a mi y a ellas.

En el bar, la gente que había empezaba a mirar curiosamente y con disimulo la escena que había en la barra. Temían que el tipo fuera peligroso y esto acabara en una discusión terminada en pelea.
- Las chicas son de las que no beben, un nuevo grupo. –Desafió el tabernero al joven.
- Los que no beben no se les pueden considerar personas, solo máquinas, simples objetos de la moral establecida e impulsada por leyes obsoletas de hace siglos que junto a creencias primitivas dicen que este líquido, esta maravilla de líquido, junto a su sabor y en especial a sus efectos son los causantes de todos los males. ¡Mentira! Si todo el mundo bebiera y descubriera los efectos del alcohol el mundo a día de hoy sería más pacífico, ya que no habría maleantes ni personas centradas en lo material de la vida, si no que estaríamos todos abrazados y cantando en tabernas como estas, creando vínculos de amistad mientras que sentimientos de alegría brotarían en nosotros. Todo gracias a que todos bebiéramos alcohol, -el hombre continuó su discurso subido en la barra- que es lubricante natural para aquellos que crean en la existencia del alma. Algunos dicen que fue creado por una fuerza del mal para confundir a las personas, pero solo fue creado para darnos momentos felicidad. Uno copa para demostrar la humanidad de la persona, dos para la felicidad. El resto son castigo.
Todo el bar quedó enmudecido ante tal discurso, algunas personas sonrieron en señal de complicidad con las palabras del joven. Otros siguieron leyendo su periódico con indiferencia, mientras que las chicas simplemente quedaron entusiasmadas ante el monólogo y las ideas que exponía sobre algo que prácticamente desconocían como era el alcohol.
- Tabernero. –Llamó el joven una vez más.
- Ya no te puedo servir más con lo que me diste, y baja de ahí ahora mismo.
- No viejo no, ya no quiero más. Sólo quería preguntar cómo se llama esta isla.
- ¿Llevas cinco meses aquí y no lo sabes?
- Nunca me ha importado realmente. Ah, por cierto, ¿y dónde está la base de la Marina mas cercana?
- Por lo que veo ahora te interesa todo. Y yo cuando te pregunté como te llamas no me lo quisiste decir-
- Ya te dije que no era asunto tuyo. Respóndeme.
- Estúpido. La base más cercana de la Marina es una de bajo rango que hay en una isla a 18 millas de aquí, en la Isla Dekar, que cubre todo nuestro archipiélago.
- ¿Esta isla está integrada en un archipiélago?
- Si, el archipiélago del extremo oeste. Y esta isla se llama Stuan.
- Adiós viejo, gracias por la info. –Dijo mientras se bajaba de la barra de un salto y salió por la puerta dejando las miradas de los clientes atrás. Minutos más tarde, en esa misma taberna, varias personas que no habían bebido nunca pidieron lo mismo que ese joven “tan alborotador”.
El hombre se dirigió a un árbol, alejado del lugar, donde sabía que no pasaba apenas gente, alejado de la costa. Se desnudó y se tumbó de modo que el sol le pudiera dar de lleno. Sacó una pipa de hecha de madera de coronilla y sacó tabaco que fue plantado en esta misma isla, lo que sumó en su favor a la hora de elegir quedarse allí por unos meses. Y empezó a fumar hasta dormirse. Ritual que inició hace tantos años que ya ni se puede acordar.
Pasaron unas horas unas horas y se despertó. Tras unos minutos más pasó una chica por el monte, cerca del árbol donde el joven se encontraba, y se acercó al verle, aunque se arrepintió y se dio la vuelta cuando cayó en la cuenta de que este estaba desnudo.
- ¡Eh! ¡Chica! ¿Dónde vas? –Gritó el chico al verla.
- Esto… yo… yo pasaba camino a casa.
- Sólo hay una casa en la zona, y tú vas en la dirección contraria. ¿Te has girado por mí? Me ofendes… y me haces daño. –Dijo sonriendo. –Además, pensaba que esa casa estaba abandonada.
- Llevo unos días aquí, junto a mis padres. Este es el lugar donde nació mi madre y venimos de visita cuando podemos. –Dijo con la mirada apartada.
- ¿Por qué rehúyes la mirada? No será que… no has visto nunca un hombre desnudo ¿verdad? – Y empezó a reír el chico. -¿Cómo te llamas?
- Yo… yo… me llamo…
- Déjalo, no te veo segura de que quieras contestar. –Interrumpió el chico. –Además, en realidad no me importa una mierda. Solo eres una niña. Lárgate de aquí.

De repente las campanas sonaron para toda la isla, eran las seis de la tarde. El chico se levantó y vistió mientras la joven chica se fue. El joven fue al pueblo a buscar un Den Den-Mushi por el que hablar. Recordó haber visto uno en la taberna. En realidad solo pudo haberlo visto allí, puesto que no visitó ningún otro lugar durante su estancia, aparte del árbol donde dormía. El ambiente se estaba cargando, cada vez se notaba una mayor presión en la isla, aunque esta era casi imperceptible. Llegó a la taberna dando un portazo.
- Otra vez tú… esperaba no volverte a ver hoy. –Dijo el tabernero.
- Ey viejo, dame tu Den Den-Mushi, será una llamada corta.
- Antes hablabas con más modales.
- Hoy se te ve muy valiente contestándome a todo, viejo. Trae eso. –Contestó mientras él mismo cogió el objeto.

En la isla Imadis, también del West Blue. Un par de minutos antes. En una mansión en la costa de la capital Imad.

- … quince… dieciséis… diecisiete… dieciocho… diecinueve… y veinte. ¡Si joder! Vuelvo a estar más que en forma, vuelvo a mi juventud.
- Bromeas, ¿verdad Friedrich? Tú eres joven, no superas ni los 30 años. Aunque hace no más de un año hacías el triple de fondos con solo tres dedos sin sudar. No se qué te ha dado en esta última semana con volver a estar en forma, pero no vas a compensar todo este puto año de tocarte la barriga con la uña.
- Que te jodan, cuando puedas hacerlo tú me avisas. Además no he estado parado todo el año, ¿y el ejercicio que hacíamos juntos lo has olvidado? Y no me dirás que en la cama no lo daba todo nena.
- Si, si… todo un semental, ¿temes a que diga lo contrario?
De repente suena un ruido, de un teléfono sonando.
- ¿Qué es eso? ¿Es un Den Den-Mushi? ¿Desde cuándo tenemos uno aquí? –Dijo la chica.
- Mierda, ¿a qué fecha estamos? –Comentó asustado Friedrich. –Joder, ha pasado ya el tiempo sin darme cuenta. ¡Ey! No vayas a cogerlo joder.
- ¿Quién llama? –Contestó la chica, la cual estaba desnuda, a la llamada haciendo caso omiso.
- ¿Tú quién eres? Pásame a Friedrich. –Dijo una voz joven al otro lado. Se notaba serio y parecía que había murmullos alrededor de esa voz.
- Pregunté yo antes por quién eras, me debes contestar, pareces otro conocido de Friedrich sin modales que no para de moles…
- Ey, ya me ocupo yo. –Dijo Friedrich cogiendo el altavoz. –Este no es un simple conocido, es algo más.
- Friedrich… 400 días. Ya han pasado. –Dijo la voz al otro lado.
- Bastardo, veo que no se te olvidan las cosas. Dime, ¿se te olvidó la abstinencia? ¿O te has portado bien?
- Nada de drogas, ni de robar, tampoco jugué, ni forniqué. Tampoco maté a nadie. Ni siquiera lastimar.
- ¿Y qué hay del alcohol y el tabaco?
- Ya sabes lo que pienso de ello, una copa cada día para ser…
- … persona. –Interrumpió Friedrich terminando su frase. –Estoy en la isla Imadis, ciudad de Imad, en el West Blue. Busca la casa más grande.
- Cojo mi barca y me dirijo enseguida.
- Tu falta de actividad no te habrá hecho débil ¿verdad?
- Salgo de la Isla Stuan.
- No has respond… -De repente se cortó la conversación.
- ¿Quién era? –Preguntó la chica desnuda.
- Respóndeme sin tonterías, ¿cuánto se tarda de la Isla Stuan hacia esta?
- Un día en un barco normal.
- Pues tienes dos días para marcharte. Y con ropa.
- ¿Qué había de tu norma de ir siem…?
- Mejor vestida a partir de ahora.

De vuelta a la Isla Stuan.

- Ey viejo, dame un mapa del West Blue.
El chico joven se dirigió corriendo hacia el sur con paso firme, donde se encontraba el embarcadero a recoger la barca con una pequeña vela que dejó allí cuando llegó. Antes de ello subió a uno de los barcos pesqueros que había cerca, se acercó a uno de los tripulantes que llevaba el timón y le robó la brújula que llevaba. El compañero forcejeó para recuperar el objeto, pero acabó tirado en el suelo dolido por un puñetazo que le propinó el joven. Hizo un último viaje al pueblo antes de partir, se le olvidó alcohol para el duro viaje y llegó a la taberna. Se mostraba más sonriente que nunca, más decidido, más imponente, más dominante. Llegó a la barra y cogió una botella entera de whiskey.
-Viejo, esta no te la pago. Creo que ya has ido bien servido a mi costa estos cinco últimos meses. –El tabernero al notar tal presencia quedó enmudecido. Después se dirigió al resto de clientes. –Pueblerinos varios, alcen sus copas y beban… y beban y disfrútenla, nunca se sabe cuando puede ser la última. –Sonrió maliciosamente.
Con paso lento se dirigió a la salida de la taberna, observando la situación. Llegó a la puerta y al salir, cerró esta de un portazo, con el que todo el pueblo, literalmente, se estremeció.
Todo estaba calmado ahora, en su barca puso rumbo al sudeste. Eran las siete de la tarde. Se encontró varios barcos por el camino que parecían tambalearse, o estaban totalmente parados. También se cruzó con una barca de la Marina, ellos estaban agitados, aturdidos. Algo les había azotado con lo que entraron en pánico. El joven siguió con su camino, con viento ligeramente favorable y remando, para llegar lo antes posible. Con ritmo imparable, descansando para beber, bebiendo para descansar, revisando la brújula para controlar su camino. 30 horas le hicieron falta para llegar. No durmió, pero no estaba cansado, solo excitado con la idea de volver a ver a Friedrich.
Dejó la barca en el puerto de la ciudad, eran las 2 de la madrugada, pero no impediría que fuera a encontrar a ese tipo, ya sea a gritos o a golpes. Pero le fue fácil por la indicación que le dio de buscar la casa más grande. Una mansión sobresalía en todo el pueblo, y allí se dirigió.
- ¡Friedrich! ¿Dónde te metes cobarde? ¡Sal de donde estés! Ya he llegado.
- Jodido escandaloso hijo de perra, ya ha llegado, y a ti te dije que te largaras. –Dijo Friedrich mirando desdela ventana al otro hombre.
- Ahora sería raro que saliera. Además, quiero conocer a ese tipo, lo que me has contado de él es interesante. –Dijo la chica que la acompañaba.
- Ya te veo. Voy hacia ti. –El hombre saltó la valla de tres metros y se dirigió hacia la pared de la mansión, que trepó hasta llegar a la ventana donde se encontraba Friedrich. –Abre, joder. No querrás que la rompa.
- Pasa, jodido bastardo.
- Te tengo dicho que no me digas eso. ¿Quién es la chica? ¿Por qué no está desnuda? ¿Qué había de tu norma de no estar acompañado de chicas vestidas?
- He hecho la excepción sabiendo que tú vendrías pronto.
- Nos presentarás, ¿verdad? –Pidió la mujer. –Déjalo, me presentaré yo misma, me llamo Karen Nuk. Creo que ya hablé contigo cuando telefoneaste.
- Así que eras tú… interesante.
- Cuidado con cómo la miras. –Intervino Friedrich.
- Calma Fried. –Dijo sin parar de mirar a la chica. –Yo me llamo Karl. Simplemente Karl.

Isla Stuan, 22 horas antes.

La isla está calmada, sin bullicio, sin ruidos, los pesqueros llegan a puerto, lo normal a esta hora, antes de que comience el día.
- Joder, como me duele la cabeza. El cabrón que vino a robarnos ayer me golpeó fuerte. –Dijo uno de los pescadores, mientras amarraban el barco al embarcadero.
- Y todo por una brújula. Aunque es raro, yo sigo teniendo ciertas molestias en la cabeza.
- Mira esto. No hay nadie en el embarcadero.
- ¿Qué ocurre? Esos tipos tumbados en las cajas. Despiértalos y diles que ayuden.
- No parece que duerman… están en posiciones muy incómodas. El pueblo, algo sabrán allí. Vamos.
Tras correr unos minutos hacia la población se encontraron el mismo panorama de gente tirada dentro de sus casas, por la calles, por las tiendas… La decisión de los pescadores fue de llamar a la Marina, que tras un par de horas, llegaron y analizaron la situación.
- No comprendo nada, señor. –Se dirigió un sargento de la Marina a su capitán.
- Yo me hago una idea, pero será mejor que llamemos de urgencia al Vicealmirante Vega. Estará en pocas horas aquí.
- Señor, nos confirman de la supervivencia y la vuelta a la consciencia de uno de los pueblerinos, al parecer es dueño del bar de la isla.
- Tráigalo aquí, tenemos preguntas que hacerle sobre lo que pudo haber ocurrido. Llama también a la prensa, si es un mal grave, sería conveniente alertar al resto de las islas de la zona para que fueran con cuidado.

Vuelta a Imad, en la isla de Imadis.

- Karl, te podrás alojar en una habitación de la planta baja para que pases la noche. Pero no me respondiste a la pregunta que te hice cuando llamaste. ¿Sigues en forma? Para lo que viene ahora no se puede ser débil.
- ¿Cuándo llega el periódico aquí?
- Mañana al medio día.
- Pues mañana tendrás la respuesta. Busca las noticias de la isla Stuan.
- Dijiste que durante los 400 días no hiciste nada, bastardo.
- Lo que hice fue después de que pasaran, no infringí las reglas Fried, lo sabes.
- Mañana hablamos.

Pasó toda la noche y parte de la mañana. Todos en la mansión dormían. Karl por cansancio de haber estado 30 horas seguidas remando. Friedrich y Karen porque no suelen levantarse temprano. Llegó el medio día y el ave que repartía la prensa soltó el periódico justo en la puerta principal. El inaudible ruido que hizo al caer despertó tanto a Friedrich como a Karen, Karl seguía acostado.
- Voy a por el periódico. –Dijo Friedrich. –Tú mientras vuelve a quitarte la ropa.
- ¿Ya no te importa que tu amiguito esté aquí para verme?
- De todas formas él también acabará desnudándose tarde o temprano para descansar.
- ¿De verdad? ¿También le vas a obligar? –Preguntó la chica interesada.
- No. Lo hará por él mismo. De todas formas, tú simplemente no le provoques. Tiene que estar sensible en cuanto a mujeres en estos momentos, y no quiero compartirte con él.
- ¿Crees que haría algo así? Gilipollas, no soy una prostituta.
Friedrich fue a por el periódico cual amo de casa y en portada de las noticias del West Blue se encontró una noticia de última hora. La leyó serenamente hasta terminar. Se fue directo a la habitación donde se encontraba Karl y armando ruido le despertó.
- ¡Maldito idiota! Si vas a hacer algo hazlo bien.
- ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre? – Dijo Karl desorientado.
- Lee la maldita noticia.
- Por fin han llegado mis hazañas, no se de que te enfadas, aquí está la prueba de que nunca me volví débil.
- Lee la noticia jodido bastardo.

Matanza en la isla Stuan.

URGENTE.- El suceso que le vamos a contar a continuación ocurrió hace apenas dos días, si tienen alguna información adicional llamen a los cuarteles de la Marina más cercanos.

En la isla de Stuan, la Marina ha confirmado el asesinato de un total de 467 personas, prácticamente la totalidad de la isla, más tripulantes de barcos que paseaban por la costa. Entre las victimas debemos lamentar niños y niñas pequeñas, además de ancianos. La Marina fue llamada por un pesquero que al llegar a la zona inmediatamente se dio cuenta de los hechos.
Solo hubo un superviviente dentro de la isla, un hombre mayor del que no vamos a dar más datos que pudo identificar al posible causante de los daños. La descripción proporcionada por él fue la de un hombre alto, fuerte, joven de unos 27 años, de raza humana y blanca, aunque muy moreno y curtido por el Sol. Dicen que lleva un tatuaje en su clavícula izquierda, aunque desconocida la forma y cicatrices varias por todo el cuerpo. La última vez que fue visto llevaba unos vaqueros oscuros, camiseta roja y siempre lleva chaqueta de cuero negro. Su vestimenta habitual solo cambia con el color de las camisitas, que suelen ser normalmente oscuras. Esta descripción fue confirmada por un pescador que dijo haber sido golpeado y robado previamente por este mismo sujeto.
El Vicealmirante Vega, que se acercó a la zona tras conocer los hechos, determinó que ninguno de los cadáveres había sufrido daños físicos, y determinó que la causa de la muerte fue por un ataque generalizado con Haki. La peligrosidad del sujeto es elevada, pero aún no se le buscará por medio de recompensa al desconocerse más detalles.
Deseamos que cualquier detalle de utilidad sea informado con la mayor brevedad posible.

- Mierda… el jodido viejo de la taberna. Debe de ser más fuerte de lo que aparentaba. –Murmuró Karl.
- ¿Eso es todo lo que vas a decir?
- Hay que matar a ese cabo suelto.
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